Un recorrido por el embalaje retráctil: comprender lo básico.

Film retráctil STEP BZN

En un supermercado hay muchísimos productos envasados en plástico. La mayoría van simplemente en una bolsa de plástico y algunos en un envase de plástico rígido. Casi todos están envasados en algún tipo de plástico o material similar. Pero hay un tipo concreto de envase plástico que parece aplicarse a casi todos ellos: un plástico ajustado firmemente al envase del producto, que encaja con precisión, como si lo hubiera hecho un sastre. Entonces, ¿qué es exactamente?

PVC y poliolefina

Film retráctil de poliolefina STEP

PVC son las siglas de policloruro de vinilo (Polyvinyl Chloride); es además el tercer plástico más producido del mundo. También fue el tipo de film retráctil más utilizado hasta que fue sustituido por los films retráctiles de poliolefina debido a sus numerosos inconvenientes. Surgen problemas de almacenamiento cuando el PVC se endurece con el frío y se ablanda con el calor, lo que compromete enormemente su resistencia y durabilidad.

Hoy en día, el film retráctil más habitual es la poliolefina, por su resistencia y flexibilidad. Se utiliza ampliamente para envasar productos comestibles y no comestibles, y es la opción preferida para el envasado de alimentos porque produce menos olor que el PVC y ofrece opciones de almacenamiento más flexibles. En el pasado, implantar films de poliolefina resultaba costoso por sus altos precios y por la incompatibilidad con las máquinas retráctiles. Ahora hay en el mercado films de poliolefina más baratos pero de mayor calidad, y las modernas máquinas de embalaje retráctil están diseñadas para admitir films de poliolefina de serie, lo que resulta muy rentable.

Retractilado

Este proceso de embalaje se conoce más comúnmente como retractilado. El proceso utiliza un film de poliolefina o de PVC que soporta el calor y, sobre todo, se encoge. El calor puede aplicarse con pistolas de calor, un túnel de retractilado u hornos. A veces una pistola de calor no basta para hacer el trabajo, pero un túnel de retractilado puede resultar demasiado grande para una fábrica pequeña: las máquinas retráctiles semiautomáticas y automáticas resuelven este problema. Las máquinas retráctiles semiautomáticas se presentan en varios tamaños para productos de distintas dimensiones. Las máquinas retráctiles automáticas pueden integrarse en líneas de producción para facilitar el embalaje. Los films retráctiles se utilizan habitualmente como sobreenvoltura en distintos tipos de envases, sobre todo cajas, latas de bebidas, material impreso y cajas de CD/DVD/Blu-ray. Con el equipo adecuado, prácticamente cualquier producto puede embalarse con film retráctil.

También disponemos de las máquinas de envasado STEP Skinpack, disponibles en dos modelos. Ambas son adecuadas para envasar productos de tamaño pequeño a mediano.

STEP Skinpack 3954

La máquina STEP Skinpack realiza un envase skin: se colocan los productos sobre una lámina de cartón y la máquina aspira el aire, ajustando un film firmemente alrededor del producto mientras lo lamina en su sitio.

Protección con retractilado

Los films de embalaje retráctil tienen una gran variedad de propiedades, como grosor, opacidad, resistencia y relación de contracción. Cada propiedad sirve para un fin distinto: por ejemplo, los productos sensibles a la luz o al calor utilizan films más oscuros para protegerlos de la luz solar. Se emplea un film más grueso para productos más pesados, mientras que un film más fino y menos resistente se usa con fines de seguridad.

El film también mantiene unidos los productos, lo que facilita su transporte. Da al producto un aspecto atractivo y una sensación de seguridad, y el embalaje retráctil evita aperturas accidentales además de indicar si ha habido manipulación.

Reflexiones finales

La importancia de embalar un producto con film retráctil es, sin duda, inmensa. El consumidor cotidiano apenas se fija en estas cosas. Son sencillas y asequibles: protegen la integridad de nuestros productos frente a los elementos adversos y también frente a la mala intención.

Escrito por

Gunnar Salbæk

CEO / Diseño industrial, 30 años de experiencia en el sector.

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